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viernes, 29 de marzo de 2019

Al inhabilitar a Guaidó, Maduro desafía al Grupo de Contacto-analisis ND-






Pedro García Otero / 27 mar 2019.- Gustavo Tarre Briceño marcó una época como parlamentario copeyano, especialmente en la Comisión de Finanzas. Fue también un escritor de cuatro libros, es decir, un escritor competente. Y tiene el don de la concisión, como orador o en Twitter, donde, con ocasión de la inhabilitación a Juan Guaidó por Elvis Amoroso, señaló lo siguiente:



“Buen mensaje para quienes, en la comunidad internacional, creen que en Venezuela pueden haber elecciones libres sin antes salir de Maduro”.

El actual embajador venezolano del gobierno interino designado por la Asamblea Nacional ante la Organización de Estados Americanos dio en el clavo, aunque la inhabilitación de Guaidó por parte de Amoroso (un “inhabilitador” sin ninguna cualidad, ni política ni moral, para inhabilitar), no es un mensaje, sino un claro desafío, hecho en el momento preciso: los destinatarios de ese desafío reaccionaron rápido y se encontraban reunidos en Quito.

Eran los miembros del Grupo de Contacto Internacional, una iniciativa que nació torcida y que tras solo tres reuniones luce totalmente inviable por razones que se explican en un par de párrafos.

Federica Mogherini, alta comisionada de la Unión Europea para la diplomacia, quien ha pasado de ser halcón a ser paloma en relación con el régimen de Nicolás Maduro, ha “condenado” en nombre del grupo que impulsan Uruguay, la UE (o una parte de la UE) y algunos otros países latinoamericanos, como Ecuador, una “alternativa política” a los ultimátums que día sí día también se lanzan desde Estados Unidos contra el cada vez más cuestionado mandatario venezolano.

Al mismo tiempo, la inhabilitación de Amoroso torpedea también los contactos que, a través de Chile, comenzaban a tener el Grupo de Lima y el Grupo de Contacto. Hay que recordar que el Grupo de Contacto Internacional se creó el 7 de febrero, para, como único objetivo:

“…establecer las garantías necesarias para un proceso electoral creíble, en el menor tiempo posible”.

Al cierre de esta edición el Grupo de Contacto Internacional propone “observación y una hoja de ruta electoral”, a pesar de que le inhabilitaron a Guaidó por quince años en sus narices, a pesar de que esa inhabilitación es un chiste, a pesar de que ellos mismos la condenaron, y a pesar de que el Parlamento Europeo votó una resolución que prácticamente desautoriza al Grupo de Contacto y de hecho lo deja herido de muerte y sin ninguna representatividad política.

De manera borbónica, ni olvidan ni aprenden: Debe ser por eso que Josep Borrell, canciller español del PSOE, líder entusiasta del Grupo de Contacto, ha pedido “elecciones” inmediatamente después de que Maduro se le riera en las narices.

Prefiere resistir una invasión

En el fondo, Mogherini y Borrell (no Nin Novoa, el canciller de Uruguay, que va a inmolarse junto con el Frente Amplio en su apoyo a Maduro en las presidenciales de 2020), son víctimas del proceso que ya han vivido los políticos venezolanos, en tanto y en cuanto son políticos: La política es negociación. Ese es el reflejo de un político.

Cuando los políticos se han equivocado gravemente con un régimen (y el paralelismo por excelencia es Hitler después de la invasión a Checoslovaquia, en 1938), lo han hecho porque han creído que enfrente tenían políticos dispuestos a negociar.

Como sabemos los venezolanos ad nauseam, ni Hugo Chávez, ni Nicolás Maduro, han querido jamás negociar nada, salvo la rendición incondicional de quienes se les oponen. Y no lo han hecho porque este es un régimen de militares, no de políticos. De militares, por cierto, y ya en el año 20 de la revolución, devenidos en una casta cívico militar de dominación, mezclada con bastante, por no decir demasiada, hampa común.

Maduro, para usar una expresión redonda que originalmente le oí a Pedro Pablo Peñaloza, prefiere enfrentar una invasión gringa que unas elecciones.

Grupo de Contacto
Elvis Amoroso condena a 15 años de inhabilitación a Juan Guaidó. Mira la paja en el ojo ajeno e ignora la viga en el propio

Su respuesta al Grupo de Contacto, si alguien no la entendió, es: “Si quieres unas elecciones es contra quien yo diga, con mi CNE y dentro de dos años”. Eso fue algo que Maduro pretendió negociar, como “negociaron” con la oposición durante 20 años: todo para mí, nada para ti.

De cara al público, son incluso más radicales: Aquí hubo unas elecciones. Las próximas elecciones son en 2025. Si la oposición no participó fue porque no quiso (por cierto, la oposición que sí participó vale tan poquito que ni siquiera la mencionan, fuera o dentro del país, ni chavismo ni oposición).

Maduro no va a medirse en unas elecciones limpias con Guaidó, porque le sacaría 60 puntos, y eso lo dejaría sin argumentos. Guaidó o cualquier candidato que el país perciba como medianamente competente y limpio, algo que abunda mucho menos de lo que podría pensarse.

Mogherini, y Borrell, y todos a quienes se les ocurra seguir negociando (no se sabe si habrá un tercer encuentro), comenzarán a probar de la amarga medicina de estos 20 años. El chavismo solo entiende de fuerza. De hecho Maduro lo dijo varias veces cuando comenzó esta crisis: “El mundo solo respeta a los fuertes”.

Guerra de trincheras

Aunque simbólica, ciertamente, la “inhabilitación” de Guaidó encierra también un mensaje a lo interno. A Guaidó, a quien no se atreven por ahora a tocar porque aún no han terminado de medir bien a EEUU, lo están cercando. Están usando, por cierto, un expediente bastante parecido al que usaron en su momento contra Leopoldo López o Julio Borges.

Y lo están haciendo en un momento en el que la oposición tiene que reinventarse y superar las crecientes fricciones a lo interno, porque Maduro y la izquierda internacional han emprendido una campaña de propaganda: una de la que Mogherini fue hecha parte, a costo de dividir a la Unión Europea, como se vio en su parlamento.

Esa campaña, cuyos pilares son dos (“en Venezuela estallará una guerra civil”, o “Venezuela será otra Siria) logró, aunque sea temporalmente, minar la credibilidad de la resolución del Gobierno de EEUU de desalojar del poder a Maduro a todo trance, incluyendo, por supuesto, la opción de fuerza, la única de la que la casta en el poder, como ya dije, entiende.

Maduro ha testado la resolución de desalojarlo del poder a cualquier costo, y ha decidido que no es tan fuerte como pensó inicialmente, y que ha resistido (y neutralizado) el primer y más duro envión. Para quien triunfar es permanecer otra semana entre Miraflores y Fuerte Tiuna a cualquier costo, cada siete días son una victoria. Y mucho más para los que no pueden tomar el avión, que todos sabemos quiénes son.

Maduro sabe, sin embargo, que en este momento tocar a Guaidó es acelerar demasiado los acontecimientos. Pero aún podrá marear un tiempo más al Grupo de Contacto, y la oposición, con las redes sociales ardiendo, tiene problemas internos, aunque internacionalmente sigue gozando de crédito y ganando espacios. Tras los éxitos iniciales, cada triunfo real de la oposición, sobre todo cada éxito interno, costará un mundo. Eso tiene que saberlo el público opositor, y Guaidó tiene que prepararlo para ello.

Porque Maduro se ha atrincherado, tiene, aparentemente, provisiones y balas para resistir. Y tiene un apoyo ruso que en principio fue dubitativo, pero ahora es mucho más firme, una vez que han sacado a prácticamente todos sus connacionales civiles de Venezuela.

Y porque Maduro cree, sinceramente, que no lo van a invadir, que la “amenaza creíble” tiene mucho más de lo primero que de lo segundo, tras esa victoria de la propaganda de izquierda, y que puede hasta salir exitoso. A hoy lo cree. A pesar de no tener ningún plan que vaya más allá de resistir otra semana (total, jamás lo ha tenido), y a pesar de la hiperinflación, los apagones y el hambre que viene detrás de ellos, que será brutal.

Es por eso que esta “guerra de trincheras” tampoco durará mucho, previsiblemente. A la comunidad internacional realmente le urge una salida de la crisis venezolana. Colombia no puede vivir al lado de un Estado fallido luego de cien años de guerras civiles. Ecuador no puede recibir un millón de venezolanos este año. Brasil no quiere un aliado al norte de sus carteles de la droga en Río de Janeiro.

Y así, cada quien tiene una razón, hasta sitios tan lejanos como el Medio Oriente o la costa occidental de África. Todo eso se acelerará en el próximo mes, y además, a partir del 28 de abril comienzan, en serio, las sanciones de EEUU. Ahí se volverán a probar determinaciones.

Pero el crujido social venezolano viene, y viene duro. Y por eso Maduro amenaza, también día sí, día también, con los colectivos. ¿Podrán parar la ola de descontento? ¿O la de emigración?

Por cierto, quien ha leído las maravillosas memorias de Churchill (y Tarre Briceño lo ha hecho con toda seguridad) sabe que el político más importante del siglo XX lamentó siempre no haber enfrentado el desafío de Hitler ya no en 1938, sino en 1935, cuando comenzó a violar el Tratado de Versalles, a rearmarse, y hubiera sido un enemigo pequeño.

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